Katy Perry vuelve a situarse en el centro de la conversación pública, esta vez alejándose del escenario musical para involucrarse directamente en un debate político de alto impacto. La artista ha instado a sus seguidores a contactar a sus senadores con el objetivo de frenar una propuesta que otorgaría a ICE un financiamiento adicional de 10 mil millones de dólares. El llamado ha generado reacciones inmediatas, tanto de apoyo como de crítica, evidenciando la polarización que rodea este tipo de temas.
No es la primera vez que una figura del pop utiliza su plataforma para expresar una postura política, pero cada intervención reabre la discusión sobre el rol de las celebridades en asuntos gubernamentales. Para algunos, estas voces amplifican preocupaciones legítimas y ayudan a visibilizar temas complejos ante audiencias masivas. Para otros, representan una intromisión en debates que deberían mantenerse en el ámbito institucional.
El caso de Perry refleja cómo la cultura pop y la política se cruzan cada vez con más frecuencia. En una era dominada por redes sociales, una publicación puede transformarse rápidamente en un acto de movilización simbólica. Más allá de las opiniones individuales, este episodio subraya el poder de influencia que poseen las figuras públicas y la responsabilidad que implica decidir cuándo y cómo utilizarlo.
Al final, el debate no solo gira en torno al financiamiento, sino también sobre quiénes participan en la conversación y desde qué lugar lo hacen.
