Margot Robbie ha demostrado que incluso los clásicos literarios pueden convertirse en una experiencia completamente caótica —y deliciosa— cuando se viven en el contexto adecuado. La actriz reveló que organizó una proyección privada de Wuthering Heights para su grupo de amigas, y lo que siguió fue, según sus propias palabras, “la experiencia más desquiciada” de su vida.
Lejos del silencio solemne que suele acompañar a este tipo de historias, la noche estuvo marcada por gritos, comentarios constantes y lágrimas inesperadas. Veinte mujeres reaccionando al unísono, riendo, llorando y perdiendo la compostura ante el drama romántico, transformaron el clásico en un evento colectivo cargado de emoción. Margot lo describe como el miércoles más divertido que ha vivido, una mezcla perfecta de intensidad y camaradería.
Uno de los momentos más memorables fue su broma sobre Jacob Elordi, protagonista de la adaptación. Según Robbie, si él hubiera aparecido en ese instante, la energía en la sala habría sido tan desbordada que difícilmente habría salido ileso. La imagen es exagerada, sí, pero captura perfectamente el entusiasmo visceral que despertó la proyección.
Más allá del humor, la anécdota revela algo encantador: el poder de las historias cuando se comparten. Wuthering Heights dejó de ser solo una obra clásica para convertirse en una experiencia emocional colectiva, demostrando que el cine —y la amistad— siempre se disfrutan más cuando se viven sin filtros.
